Dimensões nas Parábolas — Espiritual e Animal
El «cuerpo de Aletheia» sólo se daba a conocer por revelación a espirituales, y constaba de miembros espirituales, inaccesibles a humano discurso. Erase, pues, un cuerpo de verdades psíquicas, asequibles a una buena masa (= a los eclesiásticos) merced a la exégesis normal de la Escritura: San Ireneo lo denominaba «corpus veritatis». Había además otro, de miembros espirituales, inaccesible por caminos de análisis; constituía el corpus veritatis, paralelo — en el campo exegético — al «cuerpo de Aletheia» (resp. del Unigénito), revelado como plenitud divina (= el pleroma de los eones) a Marcos y a los discípulos escogidos por el Salvador como depositarios de su gnosis.
Las parábolas evangélicas esconden, según eso, dos dimensiones: una espiritual, inteligible por parádosis secreta y, a la postre, por revelación; otra animal, asequible por los caminos de exégesis, sobre que insiste San Ireneo.
Se comprende que, en rigurosa gnosis, las parábolas se ofrecieran diversamente a carnales, psíquicos y espirituales:
1) Los carnales entendían el cuerpo sensible de las expresiones; dejaban escapar los dos significados (eclesiástico y gnóstico).
El lenguaje parabólico se les hacía tan inasequible como cualquier otro del Evangelio; ineptos sustancialmente para el verbo de Dios — cualquiera que fuese su indumento literario — sentían el vuelo de las parábolas como el de las demás enseñanzas. A los carnales no les afecta Mc 4,10-12.
2) Los psíquicos pervertidos (libremente: kata gnomen), v.gr., los fariseos, escuchaban las parábolas igual que los carnales, a cuyo nivel culpablemente se habían reducido. Naturalmente (kat' ousian) idóneos para entender — a nivel psíquico — las expresiones de Jesús, habíanse cegado por su culpa, y repugnaban su magisterio.
Los psíquicos creyentes acogían las parábolas, y por su buena disposición — preguntando al Señor o discurriendo sobre otros datos de Escritura — , llegaban a entender su dimensión mesiánica (hebreo-eclesiástica). Lejos de cegarles, sus términos les movían a penetrarlas.
3) Los espirituales las comprenderían en su hondura máxima, con arreglo a la revelación auténtica del Salvador. Las parábolas, traducidas a nivel pneumático, restituirían los miembros del organismo o «cuerpo de la verdad», objeto de la gnosis. Lejos de cegarles, les confirmarían en su espiritual evangelio, a salvo de toda peligrosa e insuficiente exégesis. Jesús se las dirigía, durante la vida pública, en términos literalmente ambiguos, inasequibles — en su dimensión espiritual — no sólo a los carnales y psíquicos, sino aun a ellos mismos, a los espirituales. Dejando para los días (resp. meses) de vida terrena gloriosa la iluminación auténtica, destinada a la parádosis futura.
San Ireneo no recela tantas distinciones ni subterfugios para la exégesis gnóstica de las parábolas, o no les otorga valor. Por instinto, deniega el postulado fundamental heterodoxo: la revelación del Salvador a particulares discípulos, como arranque de una parádosis doctrinal esotérica, extensiva en especial a las parábolas.
Faltando la base, la revelación auténtica, se impone la exégesis normal de las enseñanzas de Jesús. No habiendo clave — por tradición secreta — para las parábolas, mientras ellas mismas no se expliquen, conviene recurrir a las normas habituales de interpretación. De ahí las reglas de II 27,1ss.
- 27,1. Una mente sana y religiosa que ama la verdad, sin peligro alguno pone la capacidad que Dios concedió a los seres humanos al servicio de la ciencia, y con un constante estudio podrá progresar en su conocimiento de las cosas. Por éstas quiero decir aquellas que día tras día suceden ante nuestros ojos, y también aquellas que las palabras de la Escritura tratan en forma abierta. Por eso se deben interpretar las parábolas sin métodos ambiguos (200): quien de esta manera las entiende, no correrá peligro, y todos deben explicar las parábolas de modo semejante. Haciéndolo así, el cuerpo de la verdad permanecerá íntegro, siempre adecuado a los miembros y libre de distorsiones. En cambio, cuando se aplican cosas ocultas y que no están a la vista, a la interpretación de las parábolas, como a cada uno se le antoja, desaparece toda regla de la verdad; pues cuantos fueren los expositores de las parábolas, otras tantas serán las verdades opuestas entre sí y provocarán doctrinas contradictorias, como sucede con las cuestiones de los filósofos paganos. (San Irineo)